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Archive for May, 2008

Juando

Sólo dos cosas malas hubo en mi vida: la primera, ser huérfana y la segunda, tener mala memoria.

 

 

Fui depositada en la casa de un abuelo, único pariente que tenía. El, o alguien más, no me acuerdo, me explicó que ellos habían encontrado el trabajo afuera del que tanto hablaban en aquellos tiempos en los que hacíamos picnics divertidos en el suelo de casa por falta de mesa. Me gustaba pensar que se habían ido sin saludarme porque yo estaba durmiendo y no querían molestarme.

Desde ese día viví en esa casa enorme que era fría en invierno y tenía un patio con una planta de mandarinas. En el patio mi abuelo tomaba mate y decía incongruencias. Había también un loro que cantaba todo el día la marcha peronista y se iba a volar por el barrio de vez en cuando. Los vecinos ya lo conocían y lo traían de vuelta enseguida, porque, si no lo hacían, él les repetía la dirección de la casa de mi abuelo hasta cansarlos.

El loro se había aprendido mi nombre también, me molestaba un poco que me siguiera a todos lados y me asustara gritándomelo. Desde que mis padres se habían ido, nadie más me decía por mi nombre. El abuelo me decía “nena”. Pelábamos mandarinas, el loro lo hacía mejor que yo.

No recuerdo, en realidad, haber tenido ninguna conversación seria con mi abuelo. Sólo se que estaba bastante ido y que fumaba cigarros gordos. Se la pasaba llamando a su loro todo el día.  “Juando” ­ decía una y otra vez­. Siempre le tuve celos, a mi no me prestaba tanta atención. Debía de ser por eso que para mí siempre fue simplemente “el loro”.

Había una vecina que nos visitaba siempre y nos ayudaba con algunas cosas, me preparaba leche sin grumos de chocolate en polvo y miraba con pena al loro cuando cantaba la consabida marcha. “Pobre Rubencito, tan joven que era” decía. Por alguna razón empezó a ponerme cada vez más nerviosa que el loro cantara. ­ Calláte, carajo­ le grité un día con malos modos al tiempo que le daba un manotazo. El loro se asustó y se escondió el resto del día debajo de un mueble. Me sentí muy culpable por mi actitud inesperadamente injusta, y me agaché para ofrecerle un choclo, a lo cual respondió con un picotazo que casi me saca el ojo de haber acertado. Ma si, moríte, loro inmundo.

Vivimos años ahí. Un poco después de cumplir yo los veinte, mi abuelo murió y me dejó su casa. No quise, sin embargo, quedarme, y la vendí, pensé en mudarme a lo de una amiga por un tiempo hasta que decidiera qué comprar.

Armé unas valijas y me llevé al único ocupante de la casa además de mí, el loro. Lo llevaba en el fitito junto con mis cosas, suelto nomás. No se qué me pasó en un momento, pero presa de un inexplicable impulso, clavé los frenos en una esquina ni se dónde, bajé el loro y lo apoyé en una medianera. Me pareció que entendía y tenía los ojos nublados, nunca voy a olvidar esa imagen. Cuando habría hecho media cuadra me pareció escuchar su voz ronca gritando mi nombre. Llegué a lo de mi amiga y me preguntó el porqué de mis mejillas manchadas de negro, me miré en el espejo del pasillo, no me había dado cuenta de que estaba llorando.

 Intenté volver a buscarlo un par de veces pero fue imposible, nadie sabía nada de él, de hecho no pude ni recordar el lugar exacto en el que lo había dejado. En mi memoria se habían ahogado la esquina y el loro, entre tantas otras cosas más que se ahogan en la memoria de uno cuando uno tiene mala memoria.

 

“Se escapó por la ventanilla del auto y no pude encontrarlo por más que lo busqué”. Es la excusa que pongo a todo el mundo cada vez que alguna pregunta me asalta y trae remordimientos por un recuerdo nacido de mi imaginación, en el que un loro viejo vuela por un barrio totalmente desconocido, con ojos de asustado, repitiendo una y otra vez su dirección a un montón de  transeúntes que lo observan entre divertidos e indiferentes.

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Muñecas

Parece mentira, pero yo hace tiempo tuve una amiga que se enterró viva.

 

 

 

Se llamaba Aldana y a la fecha no se si existe. Me gustaría pensar que si, y tal vez a ustedes también. Pero lo malo, como ya les dije, es que ella se enterró viva.

 

Procederé a explicar.

 

Llegué una tarde a la pensión en la que vivía en ese tiempo, y prendí la radio. ­- Hola, Sergio, estás al aire en notiboom, contános por favor tu caso­ – Si, muchas gracias, quería relatarle un milagro a sus oyentes, una mariposa se posó en mi nariz y…

 

¡Clic! Apagué, mejor hacía otra cosa, demasiada ñoñez en tan pocos segundos.

 

Recordé como al descuido que a la entrada me habían comentado la mudanza de una chica nueva en el tercer piso, decidí cebarme unos mates con cáscara de naranja y subir a ver la tele. Con suerte no habría nadie y podría mirar el talk show de Moria Casán y reírme un rato de cosas justificadamente tontas. En eso estaba cuando golpearon mi puerta. Era la chica nueva.

 

­ – Hola, soy Gabriela, sos Ambi?

 

­ – Si, hola qué tal, bienvenida

 

­ – Tengo algo urgente que hablar con vos, puedo pasar?

 

­ – Si, claro

  

y entramos.

 

 La situación me descolocaba, obviamente, pensaba qué cosa tan urgente tendría para decirme alguien a quien no había visto nunca en mi vida.

Pensaba también, que si no totalmente, esa chica al menos un poco desacomodadas tenía las ideas, pero asi y todo le dije que todo bien, que me contara nomás qué pasaba.

 

­ – Es que tengo un mensaje para vos, pero es un poco raro…

 

Noté que ni ella misma creía que estuviera ahí contándome eso.

 

­ – Estaba acostada escuchando la radio cuando de repente hubo una interferencia fuerte que no pude arreglar ni moviendo la antena, asi que la apagué. Después me quedé dormida y se me apareció una visión que me dijo que prestara atención, que tenía un mensaje para Ambi, y como no conozco ninguna Ambi se me ocurrió preguntar si acá había alguna, y resulta que estás acá, a dos puertas de distancia.

 

­ Y a punto de salir corriendo­ pensé yo, que por las dudas ya estaba manoteando un paraguas o un libro por si era una loca peligrosa.

 

­ El mensaje era que “estés atenta, por una vez en la vida a lo que está pasando a tu alrededor en el templo de las muñecas pintadas”

 

Pero eso no tenía ningún sentido, me sonaba a sobredosis de Indiana Jones mezclado con Festilindo o algo asi. Decidida a sacarme semejante personaje de encima la apuré con una no poco usual antipatía.

 

­ – Qué…qué…interesante. Mirá tengo que salir, después hablamos, si?

 

 No me acuerdo cuántas veces más me pidió que no pensara que estaba loca, pero al fin se fue.

 

Salí al rato, yo también, a la calle. Ya había entendido todo, ya sabía adónde iba. Llegué justo para encontrar a Aldana en la puerta, me hizo señas agitando en el aire una cofia.

 

­ Vine apenas recibí tu mensaje -­ dije- ¿Asi que es acá donde estuviste todo este tiempo?

 

Fuimos a dar una vuelta y recordamos la última vez que nos habíamos reunido todos. Había sido cuando terminamos la secundaria, para el cumpleaños de José, antes de que todo se fuera a la mierda. Recuerdo que José tocaba la guitarra y todos cantábamos “Spaghetti del rock” envueltos en una increíble armonía. Es como si la vida se hubiera detenido en ese momento en el que veía las caras sonrientes de todos, TODOS, podés creer? ­ Hasta tu ex ­ -me dijo-, sin pelearse, sin malos entendidos, por última vez antes de separarnos completamente y para siempre.

 

­ – Me voy, no nos vamos a ver nunca más, Ambi.

­ – Adónde, forra.

­ – Acá, entro de clausura.

­ – Aldana y la re concha de la lora ﴾cuando algo me sobrepasa puedo ser muy malhablada﴿ si tenés miedo de enfrentar la vida yo te consigo un buen psicólogo.

­ – Chau, Ambi, te quiero mucho, me tengo que ir, que seas feliz.

 

Un rato después, las puertas oscuras se la engullían para siempre. Antes de entrar se cortó la trenza y me la dio. Seguramente yo tenía un aspecto de lo más ridículo parada en el medio de la calle lagrimeando con un montón de pelo entre las manos.

 

Horas después volví a la pensión enojada con el mundo, guardé el pelo en una bolsa y me senté a escribir un aburridísimo ensayo para una aburridísima materia. De a ratos pensaba en algo, de a ratos no pensaba en nada

 

Tocaron a la puerta, era una de las chicas. – Gabriela se fue, me dijo, no la convencía la zona de la pensión, qué loca ¿no? Recién se había mudado… Ah!  Te dejó ésta nota.

Al desdoblar el papelito leía una dirección y lo siguiente:

 

Lo compran para las muñecas, pagan bien ¡Suerte!

 

 

 

 

 

 

 

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Glue

¿Cómo les gustaría morir? Porque yo no se si ustedes lo pensaron, pero un día se van a morir, y siendo que las cosas para la vida suelen lograrse teniendo en claro qué es lo que se quiere y de qué manera se quiere, es lógico pensar que para la muerte funcionen de la misma manera.

 

Hay quienes dicen que uno muere de la misma manera en la que vivió, por eso se me ocurre que debe estar bueno pasarse la vida durmiendo, o por lo menos significaría un cambio menos brusco. ¿Pero entonces, cómo saber si alguna vez estuvimos vivos? ¿Estamos vivos? Usted que está leyendo esto, tal vez horas después de que yo lo escribí. ¿Está usted vivo?

 

Ya no existen esos pegamentos escolares que tenían muñequitos de plástico adentro ¿No? Qué lástima. Yo tenía un tubo alargado y transparente con un buzo de plástico en miniatura dentro. Me gustaba mirar como buceaba hasta la punta o hasta el fondo cada vez que yo daba vuelta el “Swiming glue, made in China”. Me parecía que el buzo estaba contento, siempre sabía para dónde tenía que ir. ¿Sabría dónde estaba? En todo caso eso no era tan importante, porque no había tantas opciones. Si lo sacaba de ahí tendría un aspecto triste seguramente. Podría decirse que había muerto, a lo mejor que había nacido.

 

Seguramente el buzo del glue me hubiera reprochado que yo no quisiera entrar en la escuela, que era mi glue, sino que prefiriera dar vueltas en la plaza y jugar en los juegos, y ver las caras de desaprobación de los demás que preguntaban ¿No te llevan a la plaza nunca tus papás? O me señalaban que me había embarrado las zapatillas. Si que me llevaban, pero yo no quería ser el hombrecito del glue. ¿Cómo hacían para meterlo ahí adentro? ¿Cómo había llegado ahí? A veces soñaba que los fabricantes tenían que cerrar el plástico del tubo muy rápido antes de que se escapara, pero una vez que estaba ahí dentro, ya estaba feliz de que no hubiera opción. Otras veces soñaba que el plastiquito era un buzo llamado Wang que me mandaba mensajes en botellas y me pedía que lo liberara porque se estaba ahogando. Esos días me despertaba triste.

 

En lo que no había pensado era en la posibilidad de que un día se acabara el pegamento. Bueno ese día llegó, y yo corté el envase por la mitad. La figurita de plástico tenía un aspecto entre gracioso y patético con ese ademán tieso de nado y con sus patas de rana miniatura sobre el pupitre blanco. A lo mejor es ahora cuando se está ahogando, cuando lo dejo acá arriba de este pupitre sin tener que nadar más, que es para lo que parece haber sido fabricado. Pero ahora casi casi estaba muerto, y no había podido ni elegir su manera de morir. Por otro lado, ¿Tenía opciones?

 

Eso si, había algo cierto: a esa hora en China ya sería mediodía.

 

 

 

 

 

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Stand up comedy

No, de cualquier forma yo ya no tomo drogas. Yo solía tomar drogas, pero les voy a decir algo honestamente sobre las drogas, honestamente, y se que no es una idea muy popular, uno no la escucha muy seguido pero es la verdad: la pasé bárbaro tomando drogas. Qué le voy a hacer. Nunca maté a nadie, nunca robé a nadie, nunca violé a nadie, nunca perdí un trabajo, una casa, una esposa o hijos; me cagué de risa y seguí en lo mío. Perdón. Ahora, ¿Dónde está mi anuncio en televisión? ¿Por qué siempre le dan el anuncio a otro tipo? “Perdí mi trabajo, luego mi mujer, luego mis hijos. No tomen drogas”. Bueno, definitivamente ¡No voy a tomar drogas CON VOS, la concha de tu madre! ¡Loco, qué bajón, qué mal viaje, sáquenlo de acá!

 

 

 

 

﴾…﴿ Hablando de eso, si alguno de los presentes trabaja en publicidad o marketing, mátense.

 Gracias, gracias. Es una pequeña idea. Estoy tratando de plantar semillas. Tal vez algún día echen raíces, yo qué se. Inténtenlo. Se hace lo que se puede. Mátense. En serio, si están en eso, háganlo. No, en serio, no hay racionalización para lo que Uds. hacen, y ustedes son los pequeños ayudantes de Satanás ¿Puede ser? Mátense, en serio, no, no es un chiste. “Debe venir algún chiste ahora…” No hay ningún puto chiste, ustedes son engendros de Satanás, llenando el mundo de bilis y basura, ustedes están recontra cogidos y nos están cogiendo, mátense, es la única forma en la que pueden salvar sus putas almas. Mátense. Yo se lo que están pensando ahora todos los que están en marketing: “Oh, ¿Sabés lo que Bill está haciendo? Está buscando el dólar antimarketing. Es un buen mercado. El es muy vivo”. Locos, no, no estoy haciendo eso, putas basuras malignas…

 

 

http://www.billhicks.com/

 

 

 

 

 

 

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