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Archive for April, 2008

Visto al pasar

Todo empezó cuando él finalmente se presentó, una hora más tarde de lo que habíamos quedado.

 

 A modo de saludo me dijo disculpáme, no vas a creerlo, pero me olvidé la billetera en casa. Yo pensé que lo hubiera creído sin problemas si se tratara por lo menos de una segunda cita, pero tratándose de la primera no podía creer en la mala suerte que me perseguía acosándome con un caradura detrás de otro.

 

No importa, dije. Prendí un pucho mientras él empezaba a contarme algo que le había pasado en el camino y yo sólo podía pensar en cómo iba a hacer para borrarme lo más pronto posible. Estábamos en la parada de algún colectivo que iba a Morón y hacía mucho frio, yo tenía puesta una bufanda que odiaba, él tenía algunos años menos que yo.

 

Recuerdo todo esto hoy sentada en el asiento de acompañante de un auto, espero a alguien y miro por la ventana. En la vereda de enfrente veo a alguien conocido, es un profesor de filosofía por el que hace unos años, durante mi etapa de adoro los tipos más grandes, hubiera dado lo que no tengo. Está hablando con otro tipo, ambos en la puerta de un edificio, desde donde estoy podría verme si se diera vuelta, sonrío y sigo mirándolos por el espejo retrovisor mientras sigo acordándome.

 

Me acuerdo de que la cita continuó de la manera más desastrosa posible: el pibe seguía consumiendo una birra atrás de la otra y hablándome de su colección de maquetas antiguas en ese bulín con olor a viejos al que había sugerido que fuéramos. Fue cuando me llegó el sms de una amiga que decía algo asi como “Che, dijeron en la radio que encontraron una prostituta tirada en una zanja, ¿Estás bien? llamáme” Ahí fue cuando decidí darle una oportunidad, después de todo a lo mejor no era tan malo, y algo me hacía sospechar que mi imagen ya rayaba en lo patético.

 

Cuando me preguntó si quería que nos viéramos otra vez, le dije que si, y fui. Fui todas las veces, una detrás de la otra. Fui con ésta inmensa cara de idiota que me ha tocado tener. Con ésta cara con la que fui testigo de cientos de estupideces que salieron de las fauces de ese individuo, mientras por otro lado moría por un sesentón que hablaba de Aristóteles algunas horas a la semana.

 

Lo abandoné finalmente una tarde lluviosa. Extrañamente quedó muy afectado, cosa que no me hubiera esperado jamás. Tomá, para que te compres caramelos, le dije mientras le alargaba cuatro pesos en monedas.

 

Ese tipo frente a esa puerta de mierda, edificio de mierda, qué mal le quedan los trajes, seguro que siempre le quedaron mal. Se da vuelta y me ve, hace un gesto como para saludarme, hice un gesto como para saludarlo, al viejo de mierda.

 

Pero en lugar de eso me pasé al asiento del conductor, saqué la cabeza por la ventanilla y grité “¡ Viejo reblandecido!”.

 

Después arranqué a toda velocidad.

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