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Archive for January, 2008

Mi lucha

Tengo una pesadilla recurrente. Estoy en la mitad de mi mesa de exámen final de Literatura italiana, cuando aparece Ratzinger y me acusa a los gritos de hereje por estar hablando del Limbo. Dice que él ya lo abolió el año pasado.

Yo le contesto que de todas maneras estoy hablando del limbo dantesco que ya existía mucho antes que él, y en todo caso no me enteré de que habían abolido el verdadero porque el año pasado yo estaba en Suecia. Pero no hay caso, no entiende el concepto de un limbo literario. me dice que Suecia también es parte del mundo, a lo que yo le contesto que tengo muchas pruebas de que no lo es.

Cuando le digo que entonces, ya que el limbo no existe, me devuelva los treinta mangos que me costó el libro, nos vamos a los puños. Terminamos tirándonos del pelo cual colegialas, y pegándonos cachetazos con violencia, porque yo sostengo que de ninguna manera voy a hacerle caso alguno a un tipo que vaya por ahi usando polleras largas. Es poco serio y de decidido mal gusto si uno no es escocés. Le digo además, que yo quería que quedara el Papa negro, como el santo del video clip de Madonna.

En mi pesadilla siempre me doy cuenta de que estoy descalza y lo acuso de tener Mein Kampf de libro de cabecera. El profesor que me estaba tomando el examen siempre saca un radiograbador de los antiguos y la música de fondo es siempre “Like a prayer”.

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Persona

Dos personas como usted y como yo (que podríamos incluso ser usted y yo), se encuentran encerradas en una oficina. El decorado de la escena podría ser un escritorio con una laptop encima y muchos papeles sueltos. Hace frio. Toman té con limón.

Como dos buenos activistas de cualquier convención social que se precie de tal, consideran conveniente hablar del clima. Durante la siguiente media hora llueve, lo que les proporciona gran tema de conversacion. Luego despeja, por lo tanto consideran conveniente reemplazar el tema por el de la humanidad.

– Defina la humanidad en tres obras de arte-, dice uno (al que no le gusta pasar por inculto). El otro piensa un momento y acto seguido enumera: Si esto es un hombre de Primo Levi, Persona, de Ingmar Bergman y cualquier pintura de Warhol.

El otro sonríe e indica: Macbeth de William Shakespeare, The Truman show de Peter Weir y cualquier pintura de Caravaggio.

Tiene lugar un silencio profundo, el momento que han estado esperando llega por fin. Suena la voz por un altoparlante. La voz, grave, sin matices dice claramente:

Uno de ustedes no es persona.

Inmutables se miran de frente con los ojos abiertos y sin que sus rasgos denoten emoción alguna. Se dirige cada uno por su lado hacia uno de los extremos opuestos de la habitación. Miran cada uno por su ventana.

Durante la siguiente hora y media mirará cada uno por su ventana. Alternativamente se darán vuelta para ver al otro. Ninguno de los dos sabrá nunca que el otro también se daba vuelta.

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Ejercicios

Como una mañana más de cualquier otro lunes que la señora X recuerde, se encuentra en ésta ocasión levantándose a las ocho de la mañana para llegar al supermercado antes que nadie.

Mientras se saca los ruleros y se pone un batón con estampado de flores, escucha la radio, chiquita, pintada de rojo. Un cigarrillo a medias descansa en el cenicero a la espera de la pitada casual. Las noticias dicen que los negocios están hoy, más ajetreados que nunca. Duda por un momento ante la conveniencia de ponerse zapatillas, decide no hacerlo.

En la calle y por el camino, ve como siempre a las vendedoras salticando en torno a las vidrieras, en torno a los clientes. Los clientes saltan también, las monedas repiquetean, los billetes en un tobogán. La sinfonía de todos los días, piensa la señora X con una sonrisa, y qué bueno que así sea.

En el supermercado suena un cd de remixados y observa que extrañamente la gente parece ir tomando el ritmo, moviéndose al son. El seguridad de la entrada le pide a la señora X que de una vuelta en redondo y salte tres veces antes de entrar, la señora X piensa por un segundo en la posibilidad de insanía mental del sujeto que tiene delante, pero accede finalmente ya que “es por seguridad” y ella no quiere perder tiempo, a la una en punto llegará su esposo a comer.

Al llegar a la fila de la fiambrería, hay una carrera de embolsados, en la fila de la verdulería están haciendo pesas, para comprar el pan hay que acceder primero a un campeonato de saltos, pruebas irracionales pero insalvables.

Luego de varias horas, la señora X no puede más, cargada de bolsas con comestibles y de transpiración, tiene ganas de llorar, pero acomete firmemente sin perder su objetivo, el salto de soga, la escondida y la mancha cadena dentro del infernal recinto. Comprende que ya no podrá llegar a tiempo. La radio roja chiquita sigue sobre la mesa pasando tangos y parloteando al aire, dice que no hay de qué preocuparse.

Agotada ante la perspectiva del juego de las pirámides humanas y malabarismos en las filas de las cajas, va a llamar a su marido para avisarle. pero suena el teléfono y es él. Suena agitado. – Vieja no voy a estar a la una, hay mucho laburo acá-. La señora X otea los negocios de la vereda de enfrente: una fila de clientas de una casa de ropa saltan exhaustas y por turnos junto con la vendedora por el centro de un aro de plástico.

-Está bien, viejo. Yo estoy afuera, pero de acá tampoco se va a poder salir-.

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“Peor que pésimo: era kitsch. Copiaba e ilustraba tarjetas postales y las vendía en los bares, así que figúrese. Decidido, sin embargo, a hacer carrera y a perfeccionarse, intenta entrar en la Academia de Bellas Artes, pero fracasa dos veces. Primero en 1907 y despues en 1908. No puede pasar los exámenes. ¿Qué hubiera sucedido de haber logrado ingresar? Pregunta que dejamos de lado porque ya hemos descartado las variantes de lo posible. ”

Gente, la frustración es como un cáncer.

Pero peor.

(El texto encomillado es un fragmento de Respiración artificial de Ricardo Piglia.)

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Milan Kundera, el autor de La insoportable levedad del ser, dijo una vez que la vida, nuestra verdadera vida, está en otra parte.

De ser esto verdad, me pregunto cuántas de las que yo misma he sido en momentos del pasado, le habrán tal vez dificultado la vida a otras personas por el simple e insignificante hecho de no haber aparecido nunca. Diez, quince, veinte vidas, todas nuevitas, pendientes en un punto en el que debería haber aparecido en escena, y a las que falté cual actriz despistada. Siempre desde la arista de posibilidad en la que estaba en ese momento sin espiar siquiera las demás.

Quizá deberíamos diculparnos con las miradas que nunca nos vieron aparecer, las charlas en las que no fuimos interlocutores, y los sitios vacíos que nos esperaban en algunas mesas. Todo parte del pasado, de todos modos.

Si uno aspira a ser feliz, conviene que se pase buen tiempo buscando a esta verdadera vida, que está casi siempre, como estaba la mia por ejemplo, en otra parte. Pero cuidado. Cuando nuestra vida nos encuentra, y lo sabemos, la genial frase de Kundera puede llegar a convertirse en la más estúpida de las excusas.

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