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Archive for November, 2007

Perro de otro barrio

La primera vez no llamó demasiado la atención. Un callejero común y corriente de esos que pululan por ahi
y que se declaran vagabundos a la primera mirada de la gente. Por recibimiento, acostumbraba
obtener unas cuantas patadas y tal vez una o dos caricias sobre su lomo sarnoso.

En el camino se cruzaba con varias sombras altas que se le venían encima, bien para golpearlo o bien para acariciarlo.
Todos coincidían en que el perro no era del barrio, vendría seguramente de otro, más cercano, más lejano, qué más daba.
Era otro perro inconveniente.

Se asustaba con los gritos de las vecinas, lo echaban de los zaguanes a escobazos, le caían las noches sobre el lomo.

Uno día de esos que existen a veces, se levantó temprano y el carnicero de la esquina le tiró un hueso con mucha carne.
Después un niño que llevaba una bolsa de pan, dejó caer unos cuantos mignones sobre
su cabeza. Finalmente, se acomodó al sol en el parque frente al hospital psiquiátrico y uno de los
internos se sentó a su lado, lo acarició y le habló toda la tarde de cosas inverosímiles que él escuchó con toda atención.

Al caer ya la tarde de ese día, se incorporó con dificultad, cruzó la calle y un camión con acoplado le pasó por encima regando
sus tripas por todo el pavimento.
Fue su día, fue su barrio.

                                                                                                                                                                                       

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Cosas peores

Un señor cualquiera de la Avenida Cachimayo, nuestro protagonista, está convencido de que, sin importar lo que suceda, siempre existen cosas peores. Asi es como averiguamos que nació el 29 de febrero de un año bisiesto, cuestión que lo condenó indefectiblemente al olvido total y perpetuo de la mencionada celebración.

 

 Cuando éste señor, al que llamaremos JZ para abreviar, cumplió los tres años, presenció la escandalosa pelea de sus progenitores durante la cual su madre visiblemente alterada arrojó por los aires una taza de te hirviendo cuyo contenido fue a aterrizar en la cara de JZ provocándole quemaduras irreversibles. Acto seguido su padre mató a su madre con un tiro de revólver para, posteriormente, suicidarse con una pastilla de gamexane disuelta en café con leche. Nuestro JZ fue a parar a un hogar para huérfanos en donde pasó, si cabe, los peores años de su vida siendo sodomizado por curas, carmelitas descalzas y calzadas. Ante estos episodios sostuvo fervientemente que hay cosas peores en la vida; y aún lo sostuvo cuando su esposa lo dejó por un primo lejano y se llevó con ella los hijos de ambos, que resultaron no ser tales, sino también sobrinos lejanos. Sostuvo también éste postulado cuando demolieron su casa por error y tuvo que mudarse a una humilde pensión en la ya mencionada avenida.

 Hoy es lunes y lo observo desde mi ventana mientras camina por la Av. Cachimayo, hacia el kiosco, seguramente para comprar cigarrillos. Irá pensando, como siempre, que hay cosas peores. Suspiro mientras pienso que en unos segundos, cuando pase por debajo de la ventana del cuarto piso, donde la gente de “Mudanzas Garay” dejará caer en un descuido un piano de cola sobre su cabeza, dejará de estar parcialmente equivocado, para estar completamente en lo cierto.

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