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Archive for July, 2007

toto-castineiras-de-javier-flores.jpg No es mi culpa, creo, el haber sido entrenada para mentir. Mentir es casi como vender.

 Mucha gente se sentirá estafada ante ésta declaración. Y si lo hacen, me darán la razón, porque para llegar a sentirse uno “estafado”, en primer lugar tiene que haber dejado que le vendan algo.

 Verán, yo en un tiempo fui vendedora. Pero no una vendedora común y corriente, fui una vendedora de las peores; fui una telemarketer. Y más aún, ya que el día viene de confesiones pesadas, diré también que era una telemarketer argentina trabajando para una empresa norteamericana.

 Dicho esto y apaciguadas las expresiones de horror de los que aún estén frente a la pantalla, proseguiré sin excusarme de forma barata con frases del estilo “nadie es perfecto”, “son cosas que pasan”. Seré mentirosa pero no voy por la vida subestimando a la gente y a su inteligencia. Aunque me pregunto si estas dos afirmaciones anteriores no se contradicen en algún punto.

 El arte de mentir, y de hacerlo de manera tan delicada que parezca un accidente, Don Corleone. De mentir tan suavemente como se prende un sahumerio, como se cuentan las cuentas de un rosario. 

Mentir me ha servido de mucho. He vendido y he cobrado, y sobre lo pasado pisado. Creo que me di cuenta de que la cosa estaba llegando a límites insospechados cuando los escuchas de calidad me mandaban en sus informes felicitaciones por mi descripción del v205, un modelo de teléfono de mierda al que, para que saliera favorecido, había que mirarlo con cariño y mucha imaginación.

 Un ladrillo blanco, eso es lo que era ese teléfono visto objetivamente y en comparación con los modelos modernos. Pero cuando el equipo deportivo de mis palabras salía a la cancha de las líneas telefónicas, con la creatividad como director técnico y la necesidad como porrista, a nadie le cabía duda alguna de que se llevaba un teléfono como pocos.

 Y se llevaban un teléfono como pocos, como pocos tan antiguos van quedando en todo caso. 

Todo va en la clase de mirada que se les da a las cosas, el cristal con que se lo mire, ya saben. No hace tantos años una película nos aleccionaba acerca de cómo ver belleza en las cosas en las que supuestamente no las hay, lo que nos dice que basta con que una persona vea belleza en una cosa, para que, efectivamente esa belleza exista.

 Ustedes pensarán tal vez que de todos modos fui una persona detestable, yo diré que son puntos de vista. Pero me quedo, por lejos, con el punto de vista que me es aplicable fuera de ese lugar. Es que entre las paredes de aquellas oficinas, algunos me decían mentirosa. De la puerta para afuera, otros me dicen escritora.

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