Feeds:
Posts
Comments

Archive for June, 2007

1﴿ En dos lugares al mismo tiempo   payaso.jpg 

Algunos de los momentos más importantes de mi vida, tuvieron lugar en mi ausencia.

 No estuve ahí cuando gané el primer premio de poesía en mi escuela secundaria, ni estuve ahí cuando tuvo lugar la fiesta de fin de cursada de la carrera. No por despótica sino por imposibilidad. Tal vez un compromiso de trabajo, tal vez alguno de amistad.

 Hoy en día cuando pienso en ese tipo de momentos, imagino las caras de la gente mirándose entre si, el silencio como respuesta a mi nombre dicho en voz alta, cuellos que se estiran y ojos que repasan el lugar, tal vez esperando mi aparición súbita, esa que nunca llegó.

 Resulta curioso pensar que existieron estos mínimos momentos en los que, mientras mi ausencia me hacía estar más presente que los presentes, mi vida estaba teniendo lugar en otro lado.

 2﴿ Primeros amores

 Y después de todo el tiempo que pasó, la única duda que me asalta a veces, es si recordarás la promesa que hicimos de encontrarnos diez años después a charlar para ver cómo van nuestras vidas.

No precisamente porque me resulte indispensable verte, sino porque aposté conmigo misma una gran cantidad de autodisculpas, a que ni bien nos encontráramos nos íbamos a reír a carcajadas primero, y hasta las lágrimas después, de que yo solía leer a Coelho y vos a Bucay.

Y de cómo será de paradójica la vida, che, que, de suceder hoy en día, lo que hace diez años nos unió, nos hubiera separado irremediablemente.

 3﴿ El piropo más lindo del mundo

 Les sonaré presumida, pero a mi me dijeron el piropo más lindo del mundo.

 El hecho de  que los autores del mismo hayan sido dos señores de avanzados setenta o tal vez ochenta años, no le quita importancia al asunto, no señor.

 Corrían tiempos difíciles en mi vida, el irme, el quedarme, el acá, el allá y el si no vuelvo me acosaban. Tenía miedo de estar equivocándome, de perder mi lugar, alejarme de mi gente, y por sobre todas las cosas, mi identidad.

Hasta que pasé por esa esquina y me quedó todo clarísimo.

 ­ – Ahí la tiene, Don – dijo uno señalando con la cabeza mientras se daban vuelta para verme pasar ­ -Una auténtica morocha argentina.

Advertisements

Read Full Post »

¿Cuánto es?

reciproca-de-javier-flores.jpgHay gente que entiende el mundo pura y exclusivamente en términos de dinero.

 Claro, con esto no quiero decir que el dinero sea algo de lo que se pueda prescindir, de ninguna manera. Más bien me refiero a esa gente que no encuentra otra representación simbólica para el valor de los objetos o las personas, que compararlas con un valor exacto en la moneda de moda.

Me explicaré mejor׃ por ejemplo, la única manera de hacerle entender a gente como ésta que hemos visto una casa hermosa, o sea una casa con tejas coloradas, con pájaros cantando alrededor, chicos jugando a la mancha cadena en el patio, y ventanas amplias por las que se ve el atardecer; es decirles que hemos visto una casa de cincuenta mil dólares. Recién ahí exclamarán ­ ¡Ahh! ¡Qué hermosa! Si queremos hablarles de un amigo que está siempre cuando más se lo necesita, que nos prestó su abrazo aquella vez que llorábamos tanto, y que siempre sabe robarnos una sonrisa, les diremos que es un amigo que vale un millón de dólares, y ellos comprenderán y dirán ­ ¡Ohh! ¡Qué buen amigo es!

Cierta vez conocí alguien así. Alguien que tenía todo lo que necesitaba, pero quería más. Yo, sin embargo, lo apreciaba, porque todos los seres humanos tenemos algo bueno en el fondo, por más podrida que esté nuestra humanidad. Claro, también están los que parecen seres humanos pero ni siquiera llegan a calificar como tales ﴾en una escala donde los “seres humanos” serían el rango superior inmediato al de “residuo químico”, que vendría a ser el más bajo﴿. Pero ese es otro tema.

Como les decía, yo apreciaba a un individuo que endiosaba el dinero. Todos nos equivocamos alguna vez. Con dos de sus amigos íbamos siempre a buscarlo a la comisaría cuando lo detenían por robos menores y pequeñas estafas. Siempre nos prometía que esa situación iba a cambiar.

Por ese tiempo, conocí de casualidad al abuelo del tipo del que les hablo. Un viejito muy sereno cuya única familia era su nieto, con el que no se hablaba desde la última jugarreta sucia proveniente de él de la que había sido víctima.  Es que el pobre viejo era tan pobre, que lo único que tenía era una joyería de esas que hay por Lavalle en Capital Federal. Yo lo había conocido porque él un día se presentó a donar dinero al comedor infantil en el que era voluntaria en ese tiempo. Su soledad completa encajaba con el lugar, asi que se hizo habitué de nuestros mates vespertinos.

 Uno de ésos días Beto ﴾así se llamaba el infeliz﴿, dijo que había conseguido un trabajo por un fin de semana como obrero para unas reparaciones de unas tuberías de gas de un cine. Todos nos alegramos mucho y pensamos que ahora si la situación empezaba a cambiar. Yo me pasé por el lugar ese fin de semana, y, en efecto, un enorme túnel abierto en plena calle frente a un cine cualquiera de Lavalle, y él y cuatro obreros más concentrados en la reparación. ¡Qué bueno! ­ pensamos todos­. De ese sábado recuerdo que más tarde vimos una peli en el Tita Merello, pero no recuerdo más.

El lunes siguiente nuestro querido viejito de la joyería apareció desolado en el comedor. Su local había sido brutalmente saqueado. ­ Ya no voy a poder ayudar a los chicos­ nos decía llorando. Me contó que aparentemente habrían entrado por un túnel desde la calle de atrás y por el piso de la tienda. Ante ésta declaración, abrí los ojos como platos, que es la forma que toman los ojos cuando se chocan contra la cara más espantosa de la realidad.

Dos días más tarde, Beto se apareció en mi casa. Venía luciendo un collar de oro con diamantes, una cosa horrible llena de brillos que yo veía entre las nubes de rabia que me nublaban los ojos.

Al principio de éste relato les contaba cómo se le explica a éste tipo de gente la belleza de las cosas, o las virtudes de un buen amigo; pero… ¿Cómo explicarles el desprecio, el asco, el rechazo total?

 ­ Me repugna tu sola presencia ­ -dije sacando el monedero- ­ Pagaría por no verte nunca más. ¿Cuánto es?

Read Full Post »

De vidrio o de cristal

¿Conocen al escritor norteamericano Paul Auster? Les pregunto si lo conocen porque hace  años yo conviví con su hijo. 

  La cosa fue así, nos presentó un amigo en común en un bar de San Telmo. Ese día tenía lugar el café literario más aburrido del que se tenga memoria. Yo estaba ahí porque era domingo y no había mucho más que hacer; él porque tenía un negocio pendiente con alguien del lugar. La literatura, como más tarde me contó, le importaba tres pitos.

 Nos caímos bien, como esos perros que se huelen y deciden hacerse compañía. Se invitó a mi casa y entre cervezas y nubes de humo verde, reconstruimos su historia como un rompecabezas. Me contó que de su padre no le había tocado ni el apellido, que su madre, otrora prostituta de lujo, vivía escondida en un conventillo de La Boca víctima derrotada por los tejes y manejes que la habían dejado a ella y a su hijo sin arte, parte, ni vínculos con Paul ni con su dinero; pero que él recibía secretamente una comisión de su parte cantidad mínima respondiendo a cierto trato que tenían y a cambio de que no revelara públicamente su identidad.

  Fue obvio para mí que todo eso era una pintoresca mentira que el fulano había inventado tal vez para impresionarme, dado el medio en el que me conoció, pero elegí creerle, quién sabe por qué.

 A medida que los días pasaban me gustaba cada vez más la idea de que el tipo que dormía en mi cama y al que me encontraba cuando volvía de la panadería era quien decía ser. Le había tomado cariño, además existía un indiscutible gran parecido físico entre él y su supuesto padre.

 Deduje que ese habría sido el disparador para inventar su trasfondo de vida tan irreal. 

Por esos días yo estudiaba lingüística y estaba fascinada con el tema del lenguaje y los procesos mentales que tienen lugar al adquirirlo, ya saben, Chomsky y toda la cuestión. Estaba, además, escribiendo una novela acerca del lenguaje y la identidad. La había titulado “Vértebras de vidrio” y trabajaba en ella todo mi tiempo libre, corregía, reescribía y revisaba de nuevo mientras Pablo (así se llamaba el “hijo”﴿ escuchaba la radio y me miraba trabajar de vez en cuando con curiosidad. Nunca me pidió leer lo que hacía, pero sé muy bien que lo leía cuando yo no estaba.

sir-neptuno-de-javier-flores.jpg

Pablo desapareció un día así como vino, sin dejar huellas y luego de haber vivido casi un año conmigo. Yo, que nací para adaptarme a los cambios, noté que se había ido y guardé en una caja las fotos que teníamos juntos y saqué el polvo de la repisa en la que él ponía su radio.

 La “ruptura” o como quieran llamarlo, no me golpeó hasta años después cuando Auster vino a la Argentina promocionando un nuevo libro. Yo no soy inteligente, pero tengo la virtud de suponer y acertar casi siempre. Movida por un oscuro sentimiento compré su novela por diez pesos en Parque Rivadavia al tiempo que la gente la pagaba sesenta en librerías, y me metí en la Feria del Libro, que esa noche rebosaba de gente por tenerlo como invitado. Fui con un amigo que esperó paciente junto a mí en la larguísima cola de individuos a la pesca de un autógrafo. Auster tomó mi libro sin mirarme y se puso a firmarlo, pero tuvo que levantar los ojos ante la sudaca menudita que se atrevía a dirigirle la palabra. ­ Lo felicito por el título que le puso al libro -­ le dije en inglés-. Durante una millonésima de segundo nos golpeamos mutuamente con los ojos. La cámara de fotos de una conocida revista capturó el momento, según me dijo más tarde mi amigo, quién me preguntó también el por qué de mi felicitación.

 ­  Porque sin duda “Ciudad de cristal” es un buen título -dije pensativa- a mi no se me hubiera ocurrido nunca.

Read Full Post »

La muerte más profunda

Mi padre, entre muchas de sus malas costumbres, me heredó la de poder estar en un lugar sin estar.

 Parece ser que si uno se queda lo suficientemente quieto y silencioso, de modo que casi no se oiga ni la propia respiración, ni permite que nada que provenga del exterior nos afecte en lo más mínimo, puede considerarse uno más ausente que los ausentes.

Yo adopté la costumbre con la convicción de que la vida es ésta repartija de mini campanas de vidrio que nos deja aislados a todos y a cada uno. A menos que nos atrevamos a romperla de un puñetazo, en cuyo caso la lluvia de astillas nos lastimará hasta llenarnos las manos de sangre. Y los ojos.

El silencio fue siempre esa cavidad plateada en la que me armé una cucha. En la que colgué mis cuadros de pintura abstracta, en la que tomé el café con leche. Yo, como simple testigo, pero sin mezquinarle un solo gramo al peso del silencio.

Cuentan los que recuerdan, que fue en un día de agosto en el que murió uno de mis amigos. Se fue sereno como los colectivos que abandonan la parada un domingo a la tarde. Como no me gustan los velorios preferí ir a sentarme cerca del río. Ahí donde charlábamos a veces. Juro que sólo pensaba en la inconveniencia de no poder elegir nuestra manera de morir cuando me interrumpió el plaff! de fondo del pez que aterrizó a centímetros de mi pie. Era plateado como una lágrima; hermoso, inolvidable.

 Podría mentir y escribir acá que no lo vi hasta que fue demasiado tarde; pero en cambio seré sincera cuando diga que la serenidad se me acurrucó en el gesto todo el tiempo mientras presencié todos y cada uno de sus coletazos desde el primero hasta el último. Cuando por fin se detuvo, el azul más oscuro de la noche fue testigo de que tengo muy en claro cuál es mi lugar en el mundo, al tiempo que le dedicaba un grave silencio a la madre naturaleza.

En señal de reverencia a sus decisiones, de respeto por su arte.

 cupido-y-centauro-en-el-mus-w.jpg

Foto “Cupido y centauro” de Joel Peter Witkin

Read Full Post »

El infierno

… debe de ser algo muy parecido a encontrarte con vos mismo dentro de diez años y no saber qué decirte, porque te ves tan lejos de ser lo que pensabas que ibas a  ser, que ni siquiera te animás a mirarte por miedo de verte- me dijeron en una esquina de la vida. Yo debo decir que no estoy del todo de acuerdo.


Hace mucho tiempo, y esto se me puede creer o no, ﴾la verdad me importa muy poco﴿, yo conocí un tipo que había tenido la oportunidad de verse a sí mismo diez años mas tarde. Le creí lo que me contaba porque desconfiar de todo es muy aburrido y te roba parte de la diversión de ser un mono que piensa o imagina, o ambas cosas, no necesariamente al mismo tiempo. Cuestión que el tipo estaba ahí, adelante mío comiendo un yogur dietético de cereza, de esos con gusto a plástico. Deduje que lo único que veía mas o menos negro en su futuro era el factor sobrepeso, por lo demas, se lo veía lo mas contento y tranquilo. Acerca de lo que hablamos no diré demasiado, sólo que me confió lo que el consideraba “el secreto para tener tu futuro en la palma de la mano”. Ser políticamente correcto no sirve para nada cuando uno se da cuenta de que equivocándose mucho, la pegó ­me dijo.­  Como yo no entendía nada me regaló un recorte de un diario doblado en cuatro. Grabáte bien esto en la cabeza, nena, chacovachi-de-javier-flores.jpg y te lo dice alguien que vió mas de lo que podía ver, pero menos de lo que hubiera querido: hagas lo que hagas en tu vida, hay que saber sacar ventaja de los caminos torcidos que uno toma, de los llamados “caminos políticamente incorrectos”, de los “caminos que salieron mal”, de los que son como un mal calco de algo bueno. Nunca estuve tan acertado como cuando la pifié mas a fondo. 
Tiempo después me olvidé de recordar el papel que me dió. Un dia cualquiera lo desdoblé y leí:  “Cuando

alguien felicitó a Raimond Carver por su impecable estilo, el contestó, NO!! ¡¿Que minimalista?! ¡Yo quiero escribir como Chejov!”

Ahora vas a sentarte a pensar en esto dos minutos antes de olvidarlo completamente, estaba escrito más abajo con tinta azul. foto: “Chacovachi” de Javier Flores

Read Full Post »