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Archive for June, 2006

It is with great masochistic submissiveness that I have to admit that my trip to Chicago has been an eye opener in unexpected ways. As always, my egotistically immersed mind expected that it was going to be utterly worthless in my grand scheme of things. It was forcibly going to make me spend precious money which I did not have the luxury to spend since I have been unfortunately unemployed for about only five short months now. My lack of drive to find a new institution of business to earn my means can be best compared to the sexual drive of a ninety eight year old drunk-numb penis.

Combine that with the fact that I needed to study for a very crucial calculus test that would help me attain a passing grade instead of failing for an impressive third consecutive time, (congratulations, I know, thank you). A task not easy by any means since I had put off studying once again to the final moments my best friend procrastination could spare. It is the only class I am taking that could fit in my over saturated schedule of daydreaming, sleeping and eating. I would not count Japanese class on Saturdays because it is a rare feeling of bliss that only comes as much as married people do, with each other at least.

Choosing to embark on the trip also meant that I would have to do things for other people that I did not feel like doing in the first place again. Such as being nice and “enjoying” my time looking at inanimate objects that have no meaning to me whatsoever. A building is a building either way it is shaped, in my humble fucking opinion. Seeing one of its infinite variations will not change my religion about watching anime and eating instant ramen every Sunday into vegan Buddhism. As usual, I was swindled by the cunning words of one of my best friends to go to Chicago with the promise of the excitement and freedom that would only come along with leaving what is known behind.

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Pero no nos tomamos un té. (La Morenita es una negra atorranta. Firma: La Virginia)

Más bien nos ponemos serios para tratar un tema que podría ser de interés de toda la comunidad webona.

Hoy quise visitar, después de algún tiempo de no hacerlo, dos de mi flogs favoritos y encontré los comentarios restringidos para gente que no tiene flog. La situación me frustró mucho, ya que uno: el de PINKPUNKPILL, me gusta porque está lleno de imágenes muy lindas y creativas, y el otro, el de MARIPOSANOKTURNA es de una amiga de la escuela primaria. En fin, me gusta dejar mis opiniones, saludos y ahora ya no puedo hacerlo.
Lo peor del tema es que, en el caso de pinkpunk…retrocediendo un poco en los commments pude observar que la restricción se debió a un desubicado que vomitaba sandeces ofensivas. En el caso de mariposa…no tengo la menor idea pero intuyo un motivo parecido…

Así que gente: si leen esto por casualidad les pido que vuelvan a habilitar los comments, no demos el gusto a la gente que está al pedo y se dedica a joder sujetos que muchas veces ni conoce.

Boicot a los anónimos! Que vuelvan los comentarios!!

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Prólogo


﴾O más comúnmente llamado “la parte que nos jode de los libros”, lo siento﴿

Supongamos que Ambivalencia tiene nueve años.

Supongamos que está en un lugar en el que tiene hambre y se aburre. Supongamos que la meten de prepo en un concurso de dibujo. Supongamos que toma las acuarelas y los pinceles entre el colmo del hastío y la baja de glucosa, y no se le ocurre nada. Supongamos que ve un afiche de dimensiones humildes en una pared del lugar con la cara de un payaso riéndose y eso es lo que pinta.
Supongamos que espera que alguien del jurado note el fraude, pero en vez de eso lo que ocurre es que gana el primer premio ﴾El libro“Cincuenta cosas que los niños pueden hacer para salvar la Tierra”, lápices de colores, libritos para pintar y un diplomita﴿
Supongamos que a Ambivalencia la aplauden en la escuela y en el instituto de danzas ﴾malditas arpías en tutú﴿ luego del acontecimiento.
Supongamos que en el transcurso de esos días, Ambivalencia decide que el mundo es idiota: nadie ve los payasos que se pasean ocultos ante sus narices.
Supongamos un poco más, supongamos que sigue dibujando porque intenta mostrarlos y supongamos que el payaso del dibujo le habla, le da ideas y la acosa.
Le pide que le venda su alma. Ambivalencia se niega.
En represalia, el payaso le quita el don del dibujo, Ambivalencia, que hacía retratos con las personas posando, no vuelve a agarrar un jodido lápiz. Como por arte de birlibirloque desaparece su block y su capacidad.
Supongamos que, con el paso de los años, Ambivalencia vuelve a agarrar un jodido lápiz, pero no para dibujar.
Pero sigue pensando parecido a la época en la que ganó sin ganar.
Pero sigue teniendo una deuda con El Payaso. Y él se la cobra sólo.
Ambivalencia obedece al clown, sangriento de paredes. Y de ciegos que dan premios.

Yo hablo por su voz, y él te dice:

Serán ideas rudimentarias, malas, pinches, de culo en pelela, o como quieras llamarlas, pero son MíAS. Te aconsejo que antes de quedarte con algo de lo que aquí se dice, tengas TUS propias ideas malas. Asi, pues, si tenés pequeños grandes problemas cerebrales y de identidad e intentas usurpar algo de aquí, creéme que sabré usar contigo la medida exacta de una mezcla de morfina, cicuta, opio y dórmicum para que tengas unos excelentes y creativos sueños.

Y ahora, silencio mi rehén va a contarles acerca de mi

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Dos horas después seguíamos conversando, si así se puede llamar a la situación en la cual uno habla y el otro se pregunta para cuánta cuerda tendrá el otro mientras hace mentalmente la lista del super.

Que lo parió llovía como la reputísima madre.


­ – El problema no es que a vos te haya molestado esta carta, vos la molestaste, y no te olvides de que en su tradición es un tradittore, sabes, antiguamente esta posición que ves acá fue una tortura medieval reservada o bien a herejes, o bien a inocentes pensantes. Buah, igual también es una asana, de esas, viste, para que la sangre circule mejor, y algunas cosas más. Pero por sobre todas, todas las cosas, es un tradittore.

­ – Como yo

­ – Como vos, claro.

­ – Ricurín te dejo sabés, tengo que ir a lo de mi tía.

­ – Bueno.

Y si de una cosa podía estar seguro es de que esa carta estúpida y sin gracia me estaba alterando. Negué con la cabeza para nadie, ya estaba solo. Rompí la carta.
Inexplicablemente empecé a sentirme mal muy mal. La cabeza me daba vueltas, náuseas, olor a patchoulí. Me di cuenta de que seguramente esto fuera porque después de todo era un pobre infeliz; un ser que ocupaba un espacio que no debía en un mundo tan bipolar que me maltrataba. Miserable miserable, MISERABLE. Todo entró en un vórtice vertiginoso donde me caía sin remedio. Los comprimidos de siempre.

Y dale con lo mismo, la gente que te odia, el control perdido, las zapatillas mojadas, el arroz que se pasó, la leche que se venció, la vieja de la panadería, la gente pelotuda, las malas rachas. El felpudo de la entrada sucio. Alguien que se levanta zombi a las seis de la mañana con bastantes más años que treinta para darse cuenta de que la vida fue es y será como un gran zapallo podrido del que se escurren los gusanos bailando. No me da la gana de todo esto. Y yo agarro lo primero que tenga a mano y que será y que por qué no aquella corbata que está allá nomás si aquella y un banquito petiso nomás y no hay que buscar mucho y yo a mi mismo y dale si quien me estará soplando estas ideas horribles al oído y que si seguramente es él que no es él porque soy yo mismo porque yo siempre seré un traidor de mi mismo y vamos para arriba y para abajo nomás con esto cerrar los ojos y hop nada más, lo negro, lovacíolanadalalluvialatormentalafaltadeoxígenorespirarconloquese

puedaapenashasta
novernadamas
todoennegrotodoenblencouncorteenlaseñaldetransmisionyno
vernadadescansardescansodulcenovernada
masquesoloysitalvezver

una figura empapada en el marco de la puerta.

Fin

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Generalmente apartamos la vista cuando nos enfrentamos a imágenes representando la enfermedad, deformidad, muerte, agonía, pero en el siglo XIX hubo una gran actividad en las fotografías como en “el otro”, el fenómeno del circo, la mujer barbada, los siameses unidos, etc., siendo temas populares que se coleccionaron y comercializaron. W.A.E

o estética del “Recuerda que vas a morir”, de esta manera impacta el fotógrafo Joel Peter Witkin. La primera vez que vi un libro de fotos suyas me provocó una sensación contundente en el estómago. Definitivamente es algo bueno, porque es así como está construido el arte que sirve, el que vale: o sea el que MOLESTA el que no nos deja ir sin provocarnos una reflexión al menos.

Debo decir que Witkin le da vida a la muerte. Algunas de sus actividades diarias consisten en visitar una morgue para conseguir el cadaver que quedará perfecto posando en tal o cual decorado, o bien recolecta partes de ellos para armar un lindo y shockeante collage, sus famosos “ensambles corporales”. También utiliza modelos freaks.

Lleva adelante una estética de “cachetazo”, no a todo el mundo le gustará lo que ve, pero no va a pasar desapercibido ante nadie. Revuelve en la muerte, se rie de ella, juega con ella y los resultados son admirables. Para más fotos visitar: http://www.zona10.com.mx/autores/Joel%20Peter%20Witkin/index.htm entrar a “galerías” y buscarlo en “grandes maestros”, abstenerse personas impresionables. Recomiendo especialmente la versión mortecina de “Las Meninas” de Velasquez. Repugna tal vez, si, es cierto: pero los invito a preguntarse cuáles son las sensaciónes que nos despierta en particular y cuáles son los motivos que nos llevan a sentir ciertas sensaciónes.

Y a recordar vehementemente que pase lo que pase, seamos lo que seamos y opinemos lo que opinemos…vamos a morir.

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Mi amiga Trini

Hace poco me acordé de mi amiga Trini, la cual, por esas cosas que tiene la vida, ya no es más mi amiga Trini.
La conocí porque nos tocó compartir la misma pieza en una pensión cuando llegamos a Capital.
Ella era de esas personas que crean su mundo paralelo y lo habitan con una naturalidad tal que no admite réplicas. Todo el mundo la odiaba en ese lugar, y era entendible por qué, ella vivía como en su burbuja.

Pero a mi me caía bien, me gusta la gente así, distinta. Inclusive llegamos a llevarnos muy bien en el momento en que secretamente entendimos que si no nos soportábamos en un principio era porque nos parecíamos demasiado. Entonces vinieron las charlas super locas acerca de temas como el conductivismo y “Un mundo feliz” de Huxley que derivaban en chauchas y comida macrobiótica. Me divertía mucho escucharla, tenía concepciónes acerca del mundo que sólo sonaban coherentes si las decía ella. Me contagió el gusto por mucha buena música, Pink Floyd por ejemplo y por ella conocí la emisora de música clásica, aunque yo prefiriera la de tangos o la Mega. Me gustaba que se moviera por la vida casi sin tocar las paredes del aire, se teñía el pelo de rojo y no hablaba las cosas típicas que habla una pendeja de dieciocho años. Fue un alivio hablar de cosas interesantes en vez de qué buen culo tiene el kioskero durante todo ese año.

Abandonó la pensión peleada casi con todo el mundo.

La siguiente vez que la vi después de que se fue nos encontramos a tomar un café. Se la veía muy mal, triste. Estaba viviendo de prestado en la casa de unos primos y había decidido dejar la carrera de Comunicación. Casualmente yo tenía conmigo un libro de Carlos Fuentes: “Artemio Cruz”, le llamó la atención y empezamos a hablar, yo le conté que era acerca de un soldado que rememoraba su vida en su lecho de muerte y se daba cuenta de las muchas cosas de las que se arrepentía. También le conté que el título era un anagrama de “Temió cruzar”, anagrama significativo si los hay.
Después nos encontramos en Losada de casualidad y tomamos algo, me contó que se había decidido por Letras y que yo había tenido bastante que ver con eso. Después me dijo que estaba esperando a una compañera de la facu para ir a ver un documental sobre Rimbaud al San Martín. Me invitó y me prendí de una. La chica apareció con su novio, el cual había abandonado la carrera de Medicina por la de Filosofía. Caramba -pensé- después de todo si existe gente así. Y fuimos los cuatro. Recuerdo que fue muy bueno aquello a pesar de que había una señora mayor con cara de loca haciéndo ruido con una bolsa de naylon y agitándola frente a la pantalla. Recuerdo que a Trini le parecía lo más normal. Todo siempre le parecía lo más normal.

Más adelante nos seguimos llamando un tiempo para recomendarnos mutuamente espectáculos, comimos pizza de paradas en La Continental de Corrientes, visité su casa y no me extrañó ver que el depto, que era bastante grande, estaba casi vacío, había sólo un grabador y sonaban las coristas de Manu Chao. En un rincón había una caja llena de trapos de colores, le pregunté y me dijo que eran disfraces, vas a ir a teatro? No, me voy a hacer ropa con eso. Y era en serio. Así era ella.

Después supe que deambuló por trabajos de moza de los que invariablemente salía peleada con sus jefes y que hizo un curso de feldenkrays que le encantó y le enseño a ver la vida de otra manera.

Después no supe más nada de ella, se perdió entre esas cosas que tiene la vida y una amistad formada por gente inconstante como nosotras dos. Pero ojalá esto último del párrafo anterior no sea cierto.

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Escúcheme, señor Sinnott. Yo sé bien que usted no va a leer esto, o por lo menos es muy poco probable. Lo más seguro es que esto se trate sólo de una especie de monólogo interior hecho por una alumna desesperada del que usted jamás vaya a tener noticias.
Es que verá usted, señor Sinnot, para mi usted es como el súmum de la sabiduría viviente, usted se pasea con toda esa sabiduría a cuestas y yo se que tiene muchos años de estudio en su haber y un doctorado en una universidad muy importante de Alemania y hasta ha hecho la primera traducción de la Poética de Aristóteles del griego al español (todas las que se hicieron antes fueron del griego al alemán o al italiano y después recién al español) ; pero también se que usted es esa persona que le puso de nombre “Antígona” a su hija, entonces eso me da la esperanza de que sea humano. Y si usted viera esto diría que es una redacción mediocre porque repito demasiadas veces la palabra “usted”, pero eso no importa ahora, mire, yo cuando estaba frente a USTED en ese exámen y tenía que declinar esos sustantivos en griego y no me salían me sentía…como explicarle…como si me fuera metamorfoseando en una cucaracha de esas chiquititas (rubia como en mis pesadillas para colmo) e insignificante, y tenía ganas de escurrirme con mis antenitas y que usted me aplastara rápido con su enorme zapato para no tener que pasar más verguenza, en serio le digo.
Ya se que tal vez usted, de leer esto estaría más bien pensando en que podría interrogarme acerca del verbo del título verdad? A lo que yo le respondería que “escuchar” viene del latín “auscultare” y el grupo consonántico “ch” se forma a partir de un fenómeno de Yod IV, y el wau contribuye a cerrar un grado la “a” inicial para que quede “e”.
Pero ojalá me escuche de veras, esto es lo que quiero decirle: reciba mi trabajo práctico con benevolencia por favor.
No me haga llorar de nuevo.
Nada más.

Muchas gracias por escucharme, buenas noches señor Sinnott.

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