I
Dario, Felipe y Xiomara han estado hablando durante una hora aproximadamente. Intentan resolver el triángulo amoroso en el que se ven envueltos. Como no lo consiguen mezclan un veneno matarratas en una jarra con fernet, coca, hielos, y brindan alegremente. Un cuarto de hora después yacen sin vida en el suelo del bar del que uno de ellos era propietario. Detrás de la barra suena el teléfono insistentemente en repeticiones de dos minutos cada una por espacio una hora aproximadamente. Pasada esa hora la persona del otro lado de la línea decide finalmente darse por vencida.
II
En un monoambiente sin gente hay toallas mojadas sobre la cama, platos sucios en la kitchenet y la televisión encendida en el canal de música. Hay también un estante colocado precariamente sobre una de las paredes. Sobre el estante hay dos libros de repostería, uno de tragos y coctails, y una biblia. En el ambiente flota un denso olor a patchoulí y perfume de marca. No hay nada que pueda parecer extraño en éste lugar, sin embargo la próxima persona que entre allí morirá inevitablemente. Se trata del departamento de Xiomara. Casi en el centro de la escena sobre una mesita pintada de rojo suena el teléfono con feroz insistencia.
III
A las 10 de la mañana de ese domingo Adriel vuelve de misa caminando por la calle principal. Al llegar a su departamento, sale a su patio, pulmón de manzana del edificio, y descubre el cadáver sin cabeza de Ramón Domínguez Piano, empleado de 47 años que ha decidido suicidarse ese mismo día rebanándose la cabeza con una guillotina casera que él mismo ha improvisado. Un desconocido empujó el cadáver sin cabeza de una patada desde la terraza al pulmón de manzana por miedo a ser inculpado. Ante tal descubrimiento, un horrorizado Adriel corre al departamento de su amigo vecino en busca de apoyo. En el interior del departamento no hay nadie. Adriel golpea hasta que se cansa. Es el interior del departamento de Darío. Adentro el teléfono suena monótono y lúgubre hasta prolongarse y ampliarse en el eco provocado por el vacío.
IV
La música estridente del despertador ubicado en la mesita de luz sorprende a la madre de Felipe que se encontraba en ese momento planchando unas camisas. Extrañada mira la hora en su reloj pulsera y se pregunta el por qué de la alarma colocada a tan extraño horario. Parsimoniosamente se ubica frente al televisor para ver la novela de las cuatro de la tarde en donde el protagonista mata a la chica linda tras descubrirla en el establo con otro. La madre de Felipe disfruta la novela, pero dentro de una hora sabrá que su esposo ha muerto en un accidente en el sur. Exactamente una hora y media después del comienzo de la novela el teléfono sonará fatigosa e inútilmente en la casa vacía junto a una pila de camisas planchadas.
V
Ahora es cualquier hora del lunes, ya lunes, pensás. Estás en tu casa, todo está tranquilo, todo normal, leyendo un blog cualquiera de alguien al azar. Leés una historia rara, te preguntás a dónde quiere llegar quien sea que la haya escrito con todo esto. Observás distraído una abeja muerta sobre tu escritorio al lado de la compu, cerca del cadáver de un cigarrillo. Por alguna razón esto te hace respirar aliviado. Si alguien te busca en tu casa en éste momento vas a estar disponible, ya sea en el messenger, ya sea el timbre, ya sea el teléfono, si, el teléfono. Suena el teléfono. Las coordenadas son perfectas: quien te busca te está buscando en el lugar indicado, vos estás ahí, el teléfono también, y además sonando porque te buscan, te llaman porque te buscan, y vos estás ahí también al igual que el teléfono: te encontraron. Te encontraron y vas a atender. ¿Vas a atender?