Un sueño desde una ciudad con ombligo en punta, un libro de Gombrowicz, un Ferdydurke, una adaptación en cine de “Pornografía” de Witold también, una revista Juguetes rabiosos, un peso por una entrevista, una pensión, una cd con la polonesa, una ventana que se abre y deja retumbar la música en el mundo, un alguien que sube a mirar si estámos tocando el piano, una película de Polansky, una sala de cine vacía, una cantidad de lágrimas, Un tranvía llamado deseo, la varsoviana.
Un ferry, Cracovia, un juego de ajedréz, una botella de vodka, unos ojos celestes que hablában polaco, una partida de ajedréz contra los ojos celestes, más Polónia, muerte, campos de concentración, unas fotos, una ropa a rayas del siglo pasado, un museo del horror, una despedida que se negaba a ser, más vodka, un frío distinto, una chica como bola sin manija, un para qué venís acá, un para ser testigo, un vos venís y yo me voy, un beso, otro, unas calles desiguales, unos músicos asimétricos y callejeros, un restaurant judío, una realidad invertida, unos días imposibles de olvidar, un otro yo, una cornisa, un fin del mundo.
Una vida que se hizo para reinventarla en
Polonia,
una luna en fragmentos, una herida violenta y tierna.
Chopin, quién más