El sueño estaba compuesto como una torre formada por capas sin fin que se alzaran y se perdieran en el infinito, o bajaran en círculos perdiéndose en las entrañas de la tierra. Cuando me arrastró en sus ondas la espiral comenzó, y esa espiral era un laberinto. No había ni techo ni fondo, ni paredes ni regreso. Pero había temas que se repetían con exactitud.
Anäis Nin, Winter of artifice.
Ese si que es un libro que no tiene ni una letra de desperdicio…
Copadísimos los espirales, aunque no se si prefiero los sinfines, ja, o por qué no un tornillo girando en falso?
Eso sí, mejores son de colores, onda más flasheros jeje :-p